ARTE EN LA IGLESIA

La iglesia responde a la tipología conventual del barroco español, caracterizada por la simplicidad volumétrica y decorativa. Parece que las trazas fueron obra de fray Lorenzo de San Nicolás, uno de los arquitectos más destacados del barroco cortesano del siglo XVII. El edificio fue concebido como parte de un conjunto de edificaciones, destacándose del mismo los volúmenes de la cúpula y el crucero, éste muy poco saliente. La destrucción de las estancias contiguas nos ha privado de una lectura comprensible del edificio, y de este modo la iglesia aparece hoy empequeñecida y casi anulada por el entorno, muy lejos de la concepción original en la que se preveía que la cúpula destacase poderosamente en la perspectiva de la calle Alcalá, como muestran algunas fotografías antiguas.

En planta, el edificio presenta una solución intermedia entre la solución basilical y el plan central. Esto se debe a que el transepto está enormemente desarrollado en anchura (aunque apenas se trasdose al exterior) y en altura (por la prominente presencia de la cúpula), dominando de este modo el espacio interior, que se organiza según el esquema de nave con crucero y capillas. Es llamativa la preferencia de las órdenes militares por los espacios centralizados, quizá como demanda o necesidad de ciertos ritos o ceremonias de los que se tiene constancia, como la investidura de nuevos caballeros.

EXTERIOR

Es patente la influencia de los modelos escurialenses en la sobriedad general del edificio; la severidad original del exterior, sólo rota por sencillas molduras y decoración de placado, se transformó radicalmente en el siglo XIX, cuando el rey consorte Francisco de Asís mandó decorar todo el exterior de la iglesia a la moda romántica, según diseños del arquitecto Juan de Madrazo y Kuntz. De este modo, la fachada principal, recayente a la calle Alcalá, presenta hoy un recargado aspecto, con pilastras agrutescadas, veneras, almohadillado, esgrafiados, y un curioso cornisamento con grifos tenantes, todo ello de estilo neoplateresco que contrasta de modo chocante con la arquitectura. Muy llamativo es también el enfoscado de color carmesí que recubre las paredes, repuesto tras la última restauración. Omnipresente tanto al exterior como en el interior de la iglesia aparece la Cruz de Calatrava, muy visible en el rosetón que corona el ingreso, formado éste por un arco de medio punto flanqueado por pilastras muy planas con grutestos, rematando el conjunto una hornacina con la escultura es estuco de la Inmaculada Concepción, obra de Sabino Medina.

       Fachada exterior

Frontón y Rosetón con la Cruz de Calatravas

Virgen de la fachada, en estuco


 

INTERIOR

El interior de la iglesia se caracteriza por su luminosidad y exuberancia decorativa. La nave se cubre con bóveda de cañón con lunetos. Preside el espacio la cúpula, que si bien presenta tambor octogonal al exterior, es circular en el interior, sostenida por pechinas pintadas al fresco, y coronada por una media naranja con nervaduras. El coro se sitúa a los pies, en alto. La nave se estructura en tramos separados por elegantes pilastras que recuerdan al orden corintio; corona la misma una cornisa muy saliente sostenida por ménsulas pareadas. 

Cornisa de la cúpula y pernisa en el crucero

Interior de la cúpula y las ventanas enrejadas


 

 

 

Es singular el espacio del crucero opuesto a la entrada principal, con una portada formada por vano y moldura quebrada, rematada por un magnífico escudo real sobre el dintel de la puerta, sobremontado a la cruz de Calatrava y sostenido por dos ángeles mancebos, con dos leones a sus pies portando orbes, todo ello rodeado de guirnaldas de flores y el collar del Toisón de Oro.

Se trata de una alegoría de la monarquía en su calidad de protectora del convento a la vez que administradora de la Orden.

La obra podría ser de Bernini o Pietro Martino de Vaese.




Portada en el crucero con el escudo de Carlos II

 

Los frescos de las pechinas, representan a San Benito y San Bernardo, la aprobación de la regla por el papa Alejandro III y San Diego Velázquez, obras pintadas por el discípulo de Carreño, Francisco Ruíz de la Iglesia

El espacio de la capilla mayor es quizá la parte más destacada del templo. Ocupa el testero de la misma un espectacular retablo de madera dorada y policromada, que hace pendant con dos más pequeños situados en los machones del crucero, siendo todos ellos obra de José de Churriguera, realizados en la segunda década del siglo XVIII, y sin duda una de las obras más señaladas de este gran arquitecto, y la única obra en la capital de este autor. El retablo mayor constituye por sí solo una de las cumbres del Barroco español, al ser un perfecto ejemplo de la corriente denominada Barroco exaltado o churrigueresco.

 

La arquitectura de retablo presenta una gran simplificación, desechando la tradicional división en calles y cuerpos o incluso cualquier ordenación geométrica estricta. En su lugar, el arquitecto dispone una monumental estructura en arco de triunfo, totalmente recubierta por una recargada decoración. En la zona inferior, destaca el tabernáculo, con forma de templete, flanqueado por dos ménsulas muy características del estilo de Churriguera. En el centro de la pieza, cobran protagonismo dos pares de columnas, enmarcando una especie de doselete con la imagen de san Raimundo de Fitero, fundador de la Orden de Calatrava, rodeada de banderolas y trofeos en alusión al carácter militar de ésta. Culmina este espacio una escultura de la Inmaculada Concepción, patrona del convento, en una gloria de ángeles con la paloma del Espíritu Santo. Rematando el retablo, una imagen de Cristo con el orbe, acompañado de ángeles volanderos, querubines, ráfagas y guirnaldas. La inspiración de Churriguera en la arquitectura efímera, tan habitual en las fiestas de la Corte, se aprecia en el empleo de paños simulando telones, en el buscado contraste de volúmenes y en la confusión visual que genera la ausencia de límites espaciales. De esta manera aumenta el impacto estético, envolviendo al espectador en un juego perceptivo muy típico del Barroco que puede definirse con el adjetivo de teatral.

 

En una capilla de la Iglesia, se encuentra la escultura del siglo XVIII, Santa Rita de Casia, procedente del convento agustino de San Felipe el Real, que se encuentra resguardada tras un cristal. En otro altar, una escultura de San Antonio de Padua, obra de Juan Pascual de Mena, según una reciente investigación publicada en Anales del Instituto de Estudios Madrileños. Hasta entonces se le atribuía a Luis Salvador Carmona.

Inmaculada Concepción

Nuestra Señora de la Soledad


Santa Rita de Casia

San Antonio de Padua


 

Hay tantas imágenes dentro de este templo, que un dicho popular de la época, decía que dentro “están todos los santos”.

Talla de San José (de la Escuela de Carmona)

Nuestra Señora del Carmen


San Francisco de Paula

Virgen de Montserrat

(talla moderna en un retablo barroco, rehecho en el XIX)


Cristo de la Esperanza

Cristo yacente


Santa Teresa de Jesús

San Expedito

Santa Maravillas de Jesús

Nuestra Señora del Pilar

Santa Teresita del niño Jesús

San Judas Tadeo


María Auxiliadora

San Carlos Borromeo

Virgen de Lidón


Otras fotos del interior de la Iglesia:

 

Iglesia de la Concepción Real de Calatrava [página web oficial]

C/ Alcalá 25, 28014 MADRID [ver mapa de localización]

915218035